miércoles, 21 de agosto de 2013

En Europa surgen organizaciones para rescatar hortalizas deformes

Las críticas y gritos de alarma por el desperdicio de comida en Europa, lanzados por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y numerosas entidades no gubernamentales, parecen generar sus primeros efectos, sobre todo en iniciativas privadas.

En Berlín, Tanja Krakowski y Lea Brumsack, especializadas en diseño de productos y reconvertidas en cocineras, crearon Culinary Misfits (algo así como “inadaptados culinarios”) con el fin de promover el consumo de vegetales que, por sus formas, no satisfacen los criterios estéticos que imperan en supermercados y grandes tiendas de alimentos.

“Los habitantes de las ciudades han adoptado criterios de consumo completamente desquiciados”, sostuvo Christian Heynmann, un agricultor cercano a la ciudad de Berlín. “Un calabacín no puede ser más grande que la palma de una mano, un repollo roto por exceso de humedad es incomestible, y zanahorias con tres raíces cortas en vez de una larga y perfectamente cónica no tienen lugar en la cocina”, afirmó.

Heynmann colabora con Krakowski y Brumsack y les suministra vegetales comestibles que de otra manera él desecharía, pues los supermercados y tiendas especializadas no los aceptan para la venta.

“Creamos Culinary Misfits para usar estos inadaptados a diario en la cocina, y mostrar al público el verdadero rostro de la naturaleza, además de desmentir esa concepción falsa que impera en la ciudad, de que los buenos vegetales tienen que ser simétricos, pequeños y redondos”, explicó Krakowski a Tierramérica. “Lo que queremos es que aprendamos a comer toda la cosecha”.

En 2007, en Gran Bretaña se inició la campaña Love Food Hate Waste (ame la comida, odie el derroche), financiada por los gobiernos de Escocia, Gales, Inglaterra e Irlanda del Norte, en cooperación con empresas y organizaciones no gubernamentales.

Así, algunos restaurantes que basaban su promoción en la generosidad de las porciones, han pasado a cobrar un suplemento a los comensales que no consumen totalmente los platos que se han servido.

Pero el derroche y la cantidad de basura, en especial de envases de comestibles, siguen siendo enormes, apuntó a Tierramérica el director de diseño y prevención de residuos de Waste & Resources Action Programme (WRAP, Programa de Acción sobre Recursos y Residuos), Richard Swannell.

En otras palabras, no basta con comer toda la cosecha; también hay que revolucionar la comercialización, reducir empaques y reeducar al público, para que compre solamente la cantidad de comida que verdaderamente necesita.